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sábado, 1 de marzo de 2014

A Charito, Zulita, Silvia, Carlos, Amelia, Alberto, Marta, Roxana, Norma,Susi, Mayra, Ricardo y a todos los demás lectores anónimos de la Biblioteca Bolsillitos.

Comprar un libro usado es un poco meterse dentro de otras historias de vida preguntándose quién habrá sido esa persona que firmó o subrayó su libro, o quién habrá sido el que compró un libro para regalar a un ser querido y le escribió una dedicatoria en la primera página.
Pero, cuando se trata de libros infantiles, la curiosidad es mayor. Me imagino a Charito escribiendo trabajosamente con lápiz, en grandes letras de imprenta, su nombre en las tapas de sus Bolsillitos. Un año después, ya podía escribirlo en cursiva. Y, de repente, en otro poco posterior, el mismo nombre con birome y letra cursiva pequeña. ¿Lo habrá firmado su mamá? ¿O la misma Charito, ya más grande?
Otro misterio más: la identidad de los lectores, sumado al misterio de la identidad de los autores e ilustradores que también sólo ponían su nombre de pila o un seudónimo.



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